...clara, factible y creativa...
La razón. Tenerla o no tenerla parece no ser la cuestión, el como usarla tal vez sea la solución, un instrumento o un fundamento, quizás el lamento... de quienes buscan sin encontrar, el camino para poder avanzar ¿en busca de qué? ¿libertad? Quizás... quizás... quizás.
La historia ha enseñado que en la búsqueda de un bienestar siempre hemos estado, que somos sociales en esencia aunque alguno guste de vivir apartado; que podemos llegar a ser buenos por naturaleza pero que no falta y nunca ha faltado, entre nosotros, el malvado. Hago en este punto un alcance, la existencia de estos personajes puede generar mas de algún percance, toda vez que se realce, el abuso de poder y la inequidad en la lucha de clase.
Es así como nacen y con mucha facilidad se esparcen, las normas y las instituciones en busca de nuevas nociones. La igualdad y democracia se persiguen con gracia y la sociedad se organiza, regula u ordena (elíjase la que mejor suena) pretendiendo que seamos solo un eslabón más de la cadena. Se ofrece participación en la conformación, aun cuando sea solo una ilusión, una gastada forma que inevitablemente deriva en la confusión.
No pretendo asegurar que esta visión debiese cambiar, solo asumo la dificultad de querer organizar, buscando fórmulas sociales que pretenden encasillar, a toda la sociedad, en una sola idea de bienestar. Ilusos y soñadores los podemos denominar porque no se dan cuenta que al caminar, en la búsqueda del continuo progresar, lo más probable es que tengan que transar, frente a otro, sus ideas y su forma de pensar. Y es que resulta cierto, existe una gran diversidad, distintos enfoques, posturas que producen choques, y como a muchos les gusta señalar, una clara evolución hacia la multiculturalidad.
“Las sociedades modernas tienen que hacer frente cada vez más a grupos minoritarios que exigen el reconocimiento de su identidad (que se les respete más allá de la formalidad, con integridad) y la acomodación de sus diferencias culturales, algo que a menudo se denomina el reto del multiculturalismo (o que dejen ser uno mismo). Existen diversas formas mediante las cuales las minorías se incorporan a las comunidades políticas, desde la conquista y la colonización de sociedades que anteriormente gozaban de autogobierno (invadiendo y obligando a seguir el camino de lo moderno) hasta la inmigración voluntaria de individuos y familias (caminantes buscadores de nuevas alternativas). Estas diferencias en la forma de incorporación afectan a la naturaleza de los grupos minoritarios y el tipo de relaciones que éstos desean con la sociedad de la que forman parte (aunque muchas veces solo sea de forma distante)”.
[1]Aquí es donde entra al juego la ciudadanía, el ideal de participación que todo lo solucionaría. Sin embargo con pesar hay que expresarlo, su sabor muchas veces es amargo; se ve como un vidrio roto, una ilusión quebrada, ya que solo se ofrece un voto... una democracia de fachada. Manoseado y ensuciado está el concepto, y aunque en algún momento fue símbolo de un gran evento, ceo que en la actualidad no es mas que un invento.
“Las limitaciones a la acreditación de individuos capaces de elegir (y desde su propia realidad decidir); la exclusión de sectores de la población del derecho de representar intereses colectivos en la esfera pública (como si la realidad fuera para todos, la única); la homogeneidad creciente de las ofertas políticas, que disminuye la posibilidad efectiva de elegir entre opciones alternativas (verdaderas formas de vida), son algunas de las limitaciones con las que cotidianamente se enfrenta el ejercicio pleno de los derechos de ciudadanía política, aun si entendemos la democracia en su sentido mas estrecho como procedimiento para la toma de decisiones (acciones que traen repercusiones)”
[2].
Una sociedad basada en el dinero es el sustento de este argumento, simplemente porque la acumulación y la competencia, los valores del mercado, son sinónimos de ambición y violencia, claro resultado de una mala administración por parte del Estado. Y es que para que el corral esté ordenado hace falta un proyecto bien gestionado. Políticos y representantes capaces, con ideales reales y no falaces, sin demócratas que se creen llaves pero puertas no abren, sin escudarse en conceptos antiguos, gastados y fáciles de ensuciarse, en personas que de pueblo saben nada y deciden con poco tino, con ideas maquinadas, esperan caigan uvas del racimo y así equiparar las desigualdades que algún día Simón Bolivar previno.
“El nuevo sistema global que se constituye a partir de redes de intercambio y flujos de comunicación es a la vez extremadamente incluyente y extremadamente excluyente (silenciando y apartando, diariamente). Incluyente de todo lo que tiene valor según los códigos dominantes en los flujos (para aquel que tiene dinero y puede darse lujos) y excluyente de todo aquello que, según dichos códigos, no tiene valor o deja de tenerlo (aun cuando nacimos desnudos... cuesta creerlo). En la medida en que la globalización se ha desarrollado, esencialmente, como instrumento de articulación de mercados capitalistas, la rentabilidad económica se convierte en el criterio fundamental para la inclusión o exclusión en las redes globales (si tienes dinero vales, sino, mejor te sales)”
[3].
Con esto es posible dejar en manifiesto, tanto el aumento de las desigualdades como un creciente descontento, con la sociedad y sus bases, es decir, su fundamento. Sin duda el capital muchas veces representa un mal, desde que se hizo primordial, dejando a un lado la relación fraternal. Pero la vida sigue y el tiempo continúa corriendo, sin embargo, aun cuando todo se esté vendiendo, las alternativas y pequeñas ventanas debemos continuar abriendo; para que mis hijos, tus hijos, nuestros hijos... puedan seguir viviendo.
La crisis del sistema tradicional encuentra una salida en la organización informal, donde los actores son parte, de un movimiento que no compite y solo comparte; tanto el espacio como los recursos, caminando despacio en estos días confusos. No se niega, queda claro, la importancia de la economía aunque todo cueste caro. Ahora bien, cuando algo de tiempo ya ha pasado, y el descrédito del Estado está instalado, la noción de intercambio se ha reformado. No se trata de ir en contra, sino más bien a un costado. Así se instala en Latinoamérica la economía solidaria, como una forma de supervivencia diaria.
“No se trata de una propuesta anti-mercado, porque la escala de los intercambios que se requieren para hacerla sostenible sólo puede alcanzarse mediante mercados regulados y liberados del monopolio capitalista (de la competencia desigual y las políticas expansionistas). Tampoco se trata de buscar refugio en comunidades aisladas, sino de vincular respetuosa y dinámicamente la fuerza de las iniciativas locales con el amplio espacio de solidaridad global al que hoy es posible acceder con las nuevas tecnologías, si son adecuadamente controladas por las sociedades (si son utilizadas desde la particularidad de las diversas comunidades)”
[4].
Y hay que estar atento porque la comunicación se puede sumar a este movimiento... en cualquier momento. Ya se ve en los medios autogestionados, comunitarios y desde las bases gestados; como si esta fuera una semilla regada con trabajo, con la participación ciudadana necesaria para crear, difundir y fomentar una realidad determinada, y hacerlo a destajo.
Esta es la solución propuesta, hay que ver si dentro de la sociedad se acepta. La idea es darle un lugar, a quienes okupan o pretenden ocupar, en este agitado mundo, un lugar especial. Porque en busca de la libertad de pensar y de accionar, organizados como humanos debemos actuar, ya que gestionar a partir de las necesidades de nuestro territorio es avizorar el futuro en paz, sin odio, con confianza en cada integrante, toda persona que de este sistema forma parte.
[1] Kymlicka, Will. Ciudadanía multicultural
[2] Sojo, Carlos. La noción de ciudadanía en el debate latinoamericano
[3] Castells, Manuel. Globalización, identidad y Estado en América Latina
[4] Coraggio, José Luis. Economía Solidaria, exposición en la Conferencia sobre Economía Solidaria en el Foro Social Mundial, Brasil, Porto Alegre, 1-5 febrero 2002